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La transformación digital ya llegó a la construcción

En los primeros 25 años de este milenio, ya vivimos cambios radicales en las formas de comunicarnos, informarnos, aprender, entretenernos y, por supuesto, trabajar. Hoy, casi todo lo que hacemos está mediado por dispositivos móviles. 

La tecnología avanza a un ritmo vertiginoso y este fenómeno no deja a nadie indiferente, ni siquiera a los sectores más tradicionales. Y aunque se suele pensar que las empresas constructoras están rezagadas en este aspecto, la realidad es que son muchas las que están adoptando innovaciones tecnológicas para sacarle provecho a las oportunidades de esta nueva era. 

Para profundizar en este tema, hablamos con Laura Lacaze y Sabina Estayno, dos expertas con gran trayectoria en el ámbito de la transformación digital en el sector de la construcción. Su experiencia abarca una amplia gama de proyectos, entre ellos el Diagnóstico de Madurez 4.0 para Empresas Constructoras, así como estudios en países de la región, como Brasil, Bolivia y El Salvador. 

 

Ellas nos ayudaron a dimensionar el estado actual de la digitalización en el sector, en una etapa que describen como “de transición o transformación tecnológica”.

El principal hito de los últimos años fue dejar atrás la falta de conciencia sobre la necesidad de digitalizarse. “Hoy el escenario está fuertemente marcado por un convencimiento relativamente generalizado de que la transformación digital es más que una tendencia: es un escenario en el cual las organizaciones y los profesionales tienen mucho para ganar”, señala Laura Lacaze. Esto representa el punto de partida imprescindible para avanzar de manera sostenida en la transformación digital.

Una vez dado ese primer paso, el siguiente desafío de las empresas constructoras es la adopción en sí de estas tecnologías. En este punto, es importante realizar una distinción entre distintos niveles.

Por un lado, tenemos las tecnologías 1.0 y 2.0, herramientas básicas, maduras y, sobre todo, genéricas, no específicas del sector de la construcción. La gran mayoría de las empresas, en Argentina y en buena parte del mundo, se encuentran hoy en las fases iniciales de su trayectoria digital, utilizando mayoritariamente este tipo de tecnologías. 

Según Laura Lacaze, “tenemos empresas que basan el 80 o 90 % de sus procesos en planillas de cálculo, por ejemplo. Son herramientas que tienen más de 40 años y, aunque automatizan ciertas tareas, no aportan componentes específicos para los procesos del sector”. Y agrega: “Esto hace que las empresas hayan ganado terreno, pero con beneficios limitados”.

La segunda fase de la transformación digital está caracterizada por las tecnologías 3.0, utilizadas por un número todavía minoritario de empresas, pero cuya implementación crece a gran velocidad. Esta segunda fase se caracteriza por “una transformación más profunda, que revisa procesos, invierte en nuevas herramientas y en las habilidades de los colaboradores”. 

Un ejemplo paradigmático es BIM. A diferencia de las tecnologías 1.0 y 2.0, “BIM es una metodología de trabajo específica para el sector de la construcción. Es decir, quien compra hoy una licencia recibe un software que está pensado para su oficio. Tiene una curva de aprendizaje mucho más alta que una planilla de cálculo, pero su potencial para generar beneficios también es infinitamente superior”, señala Lacaze.

A pesar de su aún limitada penetración en el mercado, estas tecnologías ya no son consideradas de vanguardia. Las tecnologías realmente emergentes, como la inteligencia artificial y el machine learning, forman parte de la categoría 4.0representan la siguiente fase de la transformación digital. 

En este punto es crucial remarcar que hoy no existen atajos: para incorporar tecnologías 4.0 es necesario contar primero con una base sólida de tecnologías 3.0. “No existe empresa hoy que pueda incorporar en sus procesos funcionalidades de inteligencia artificial, desde un conjunto desestructurado de informaciones en planillas de Excel. Hay un proceso de transformación previo,” afirma Laura Lacaze. “Los procesos de inteligencia artificial que se pueden aprovechar en la planificación de obra, la generación de escenarios y demás, se basan en datos asociados a modelos paramétricos BIM”.

Entonces, una vez conocidas las fases del proceso, ¿qué debe hacer una empresa constructora para avanzar en este camino? En primer lugar, saber que la transformación digital no se reduce a la incorporación de herramientas; requiere de nuevas habilidades y de una mirada estratégica sobre el cambio.

Una de las competencias fundamentales para dar ese primer paso es la capacidad de identificar qué tecnologías son relevantes y útiles para el trabajo diario de la organización. No es una tarea simple, implica poder seleccionar, dentro del constante bombardeo de información y novedades, aquellas soluciones que realmente dialogan con la actividad de la empresa. 

Una vez realizado el diagnóstico, el siguiente desafío es revisar y transformar las prácticas de trabajo. Como explica Laura Lacaze, no se trata solo de “aprender a usar herramientas nuevas”, sino de “hacer las cosas desde una lógica diferente”. 

No es un proceso que genere resultados inmediatos, ni lineales. “Esto se logra con mucho aprendizaje, con mucho conocimiento, con mucha paciencia y, sobre todo, con mucha articulación”.

En esa línea, Sabina Estayno subraya la importancia de buscar referencias externas: “Creo que es muy importante buscar ejemplos en otras organizaciones y entender que el proceso es largo, que no se están haciendo las cosas mal, sino que el proceso requiere ese tiempo”. Esa perspectiva permite sostener el rumbo y no desmotivarse frente a los múltiples obstáculos.

Esto remite a un aspecto central: la dimensión humana del cambio. Más allá de lo tecnológico, lo que está en juego es el trabajo cotidiano de las personas. “Las organizaciones tienen que aprender a hacer cosas, pero también tienen que desaprender a hacer cosas —afirma Lacaze—. Y ese desaprendizaje supone alterar la cotidianeidad de la organización y, por ende, de todas las personas que la componen”.

Para profundizar en estas ideas a partir de un caso concreto, podemos poner la lupa en uno de los ejemplos más representativos: la adopción de BIM en la industria.

Santiago Lubian, analista de la Escuela de Gestión de la Construcción y cofundador de Concept Studio BIM, describe el panorama actual: “En los últimos años, la adopción de BIM ha crecido impulsada por la difusión de sus beneficios. Hoy podríamos decir que cada vez más personas conocen esta metodología, pero que no todos ellos han logrado implementarla debido a experiencias fallidas. La evolución ha sido gradual y todavía falta mayor articulación entre los distintos actores del sector para lograr una implementación más extendida y eficiente”.

Se trata de un escenario muy heterogéneo. “Algunas empresas han integrado BIM en toda su cadena de valor, desde las primeras etapas de proyecto hasta la operación, mientras que otras lo utilizan únicamente en etapas puntuales, como el modelado o la detección de interferencias para la materialización. También hay empresas que aún no han adoptado BIM debido a barreras económicas, falta de capacitación o desconocimiento de sus beneficios”, señala Lubian. 

Un factor clave es el tamaño de la empresa. Mientras muchas grandes constructoras han avanzado significativamente, las pymes se encuentran, en su mayoría, en etapas iniciales o exploratorias. “Las grandes constructoras suelen contar con mayores recursos para invertir en formación y tecnología, lo que les permite desarrollar estrategias BIM más robustas y sostener una curva de aprendizaje prolongada. Sin embargo, su implementación no está exenta de desafíos: muchas deben replantear su cultura organizacional, reconfigurar equipos y adaptar procesos arraigados a nuevos flujos de trabajo digitales. Por esta razón, varias optan por modelos de adopción híbridos o directamente tercerizan servicios BIM”.

Las pequeñas y medianas empresas, por su parte, suelen mostrar mayor agilidad y flexibilidad para incorporar cambios, lo que puede facilitar instancias de capacitación más directas y procesos de implementación más dinámicos. “No obstante, la falta de estandarización en los flujos de trabajo puede convertirse en un obstáculo, ya que incorporar BIM en estructuras no definidas puede implicar más ajustes de los esperados”.

Respecto de las dificultades que enfrentan las organizaciones en la adopción de BIM, Lubian distingue entre barreras internas y externas. Entre las primeras encontramos la falta de capacitación, la resistencia al cambio y los altos costos iniciales en la inversión de software y hardware. A nivel externo, nombra la ausencia de una estrategia nacional, la falta de políticas públicas y la escasez de un marco normativo claro, lo que genera incertidumbre en las empresas sobre cómo y cuándo invertir en BIM.

Superar estos obstáculos requiere un enfoque integral y articulado. Aquí, las cámaras empresariales cumplen un rol fundamental, ya que pueden facilitar procesos de capacitación, establecer estándares compartidos y promover instancias de colaboración entre el sector privado y los organismos públicos. 

Simultáneamente, las instituciones educativas deben asumir el desafío de formar profesionales con conocimientos aplicados a la realidad del sector. Superar la curva de aprendizaje y aprovechar el potencial de BIM requiere de una capacitación adecuada. “Es fundamental enfocarse en la comprensión de los procesos y flujos de trabajo BIM, más allá del uso específico de herramientas de software, para asegurar una integración efectiva y sostenible en el tiempo”, enfatiza Lubian.

Hoy en día, las empresas cuentan con múltiples alternativas y estrategias posibles para incorporar herramientas tecnológicas que mejoren su gestión y les permitan ganar eficiencia. 

Un ejemplo concreto es el de Winkelmann S.R.L., una firma santafesina que comenzó en 2003 brindando servicios como contratista de redes de agua y cloacas, y que con el tiempo fue ampliando su alcance hacia obras de mayor envergadura en infraestructura de saneamiento.

Actualmente, la empresa dispone de una extensa flota de equipos livianos y pesados que le permite encarar obras rápidamente, pero que también representa un desafío de gestión. Ante esa necesidad, uno de los primeros pasos fue la creación de una estructura organizativa, reorganizando el obrador central, asignando un responsable general y mejorando la trazabilidad de movimientos y mantenimientos. 

Mientras avanzaban con la reorganización interna, Pablo Seno, Jefe de Administración de Winkelmann, comenzó a participar de TIIC (Transformar e Innovar la Industria de la Construcción), un espacio estratégico de CAMARCO que conecta a empresas del sector con soluciones tecnológicas desarrolladas por startups.

“Había podido observar algunas empresas que buscaban el apoyo de la incubadora de la Cámara para mejorar sus productos”, cuenta Seno. “Y para el ámbito de la gestión de flotas y equipos, vi el potencial de tener un sistema eficiente de mantenimiento y control, para optimizar costos y mejorar la operatividad”.

Fue en ese contexto que conocieron a Bilderit, una empresa incubada en TIIC que propone una solución integral para la gestión de maquinarias. “Empezamos a conversar con Agustín Fonseca, cofundador de Bilderit, sobre la necesidad de un acompañamiento especial. Estábamos desarrollando un nuevo puesto y necesitábamos implementar un sistema para la persona que iba a estar a cargo de todo el equipamiento de la empresa”.

El vínculo con la startup permitió adaptar el sistema a las necesidades específicas de Winkelmann, sumando herramientas para la gestión de órdenes de trabajo y el control del consumo. “El trabajo con TIIC es un buen termómetro para poder evaluar estos proyectos y ayudar a la Cámara a vincular estas empresas de innovación con nuestro sector. Porque tal vez el expertise lo tenemos nosotros, y ellos tienen todas las ganas y todas las ideas”.

Para medir el impacto del trabajo realizado, Winkelmann utiliza herramientas como Power BI, que toman la información de Bilderit y permiten visualizar datos clave y detectar desvíos en la operación. “Por ejemplo, si dos vehículos idénticos, de modelos muy similares, tienen gran dispersión en el consumo de combustible, aflora el indicio de que el equipo funciona mal o está perdiendo combustible por algún lado. Si el desgaste de cubiertas o el pedido de recambio supera lo esperado, también ahí surge una alerta”, explica Seno. 

Entre los principales beneficios de esta adopción, destaca la optimización de repuestos críticos y costos, así como una mayor visibilidad y control del mantenimiento preventivo; y la posibilidad de descentralizar la información y facilitar el acceso. 

Sin embargo, también señala que no es algo automático. “Hay que dedicarle tiempo, dedicarle cabeza y cranear estas cuestiones. Dentro de la mejora continua, siempre hay un montón de aspectos para ir descubriendo”.

En definitiva, la transformación digital es un proceso que no está exento de dificultades ni de trabas en el camino. Por eso, Laura Lacaze comparte algunas recomendaciones clave para quienes estén por iniciarlo —o lo estén atravesando—:

“El primer mensaje sería que no va a ser fácil, pero es imprescindible. El proyecto de transformarse digitalmente tiene que ser encarado como prioritario, y si no lo es, va a ser muy difícil que se concrete, porque es muy difícil que le gane a los problemas de la coyuntura del día a día”. 

“Segundo, las potencialidades de la transformación digital son independientes de la coyuntura macroeconómica, del valor del dólar, de la tasa de inflación, del volumen de obra. Hoy es un imperativo, y sería importante que se tome como tal para no desaprovechar oportunidades estratégicas”.

“La tercera cuestión es que, pese a este escenario que parece medio ingrato, hoy los profesionales y las organizaciones no están solos. Existen muchísimas herramientas e instancias de apoyo para impulsar esa transformación. Mi recomendación es que busquen esos espacios y que traten de minimizar lo más posible los esfuerzos realizados en soledad”.

Aunque cada proceso es distinto, la adopción tecnológica no solo es posible, sino que puede convertirse en un punto de inflexión para las empresas del sector. Con compromiso, aprendizaje continuo y redes de apoyo, la transformación digital deja de ser una meta lejana para transformarse en una herramienta concreta para construir un presente más eficiente y un futuro con mayor potencial.

La transformación digital es, en definitiva, una chance para repensar el sector desde una lógica más eficiente, colaborativa e innovadora. Aprovecharla implica apostar al cambio con visión estratégica, compromiso sostenido y una profunda comprensión del presente. 

Donde hay transformación, hay oportunidad. Y el momento de tomarla es ahora.

Autora: Agustina Gómez. Licenciada en Comunicación Social, Universidad de Buenos Aires. Periodista de la Revista Construcciones.

 

 

Publicado el 19 agosto, 2025