Entrevista a la Presidenta de la Delegación Entre Ríos.
Nació en una familia constructora, entre casillas de obra y camiones. Todo indicaba que su vida iba a transcurrir en ese ámbito. Sin embargo, eligió otro rumbo: estudió fonoaudiología, se formó en neurociencias y trabajó durante años con niños y niñas. Hasta que un día entendió que su vocación de servicio no terminaba en un consultorio.
Laura, ¿cómo fue tu infancia?
Crecí literalmente en la obra. Mis padres fundaron la empresa O.I.C.S.A. cuando tenían 19 y 20 años, después de que mi abuelo quebrara. Yo nací ese mismo año, así que mi infancia fue entre fierros, máquinas, casillas. En los veranos clasificaba facturas, ayudaba a despachar camiones. Para mí la construcción no es solo un trabajo, es parte de mi identidad.
Sin embargo, elegiste estudiar fonoaudiología. ¿Qué te llevó hacia esa profesión?
Siempre me movilizó mucho el desarrollo de los niños. Me apasionan las neurociencias, la rehabilitación, la comunicación. Trabajé muchos años en consultorio ayudando a chicos que tenían dificultades en el lenguaje y fue una etapa hermosa.
¿Y qué pasó? ¿Qué fue lo que te hizo volcarte de lleno a la construcción?
Hubo un caso que me marcó para siempre. Atendía a un nene que viajaba con su mamá, dos horas de ida y dos de vuelta todas las semanas para hacer su tratamiento. Su papá trabajaba en la construcción y tenía obra social. Un día la obra se terminó, el papá se quedó sin trabajo, perdió la cobertura y el chico dejó de venir.
Ahí entendí algo muy fuerte: fonoaudiólogos hay muchos. Pero personas que generen trabajo para que esos padres puedan mantener a sus hijos… no hay tantas.
Ese fue mi clic. Sentí que podía ayudar desde otro lugar, quizá con un impacto más amplio. No abandoné mi vocación: la amplié.
¿Cómo fue asumir ese nuevo rol dentro de la empresa familiar?
En realidad, siempre estuve vinculada a la construcción. Pero hubo un momento en que entendí que no podía hacer las dos cosas a la vez y elegí involucrarme de lleno.
Hoy trabajamos los tres hermanos con mis padres. Cada uno aporta su mirada.
También tenés un rol activo en la Cámara. ¿Qué significa para vos?
Para mí es una forma de servicio. Creo profundamente en el trabajo en red. En tiempos de crisis, el aislamiento es uno de los mayores peligros. Tejer redes con otros empresarios, compartir, sostenernos, es fundamental.
En medio de tantas actividades, ¿cuál es tu cable a tierra?
El río. Vivo en Paraná y el agua es mi equilibrio. Hago muchos deportes acuáticos. También practico yoga —soy instructora— y medito. Necesito ordenar mi mente para poder tomar decisiones claras.
Y, por supuesto, mis hijos. Eric y Celestina son mi centro y hacemos actividades juntos. Leemos un cuento, jugamos al fútbol. Me gusta que conozcan mi mundo y que participen. Van a la empresa, archivan papeles, preguntan.
¿Qué mensaje les darías hoy a tus colegas del sector que atraviesan momentos difíciles?
Que miren primero hacia adentro. Que cuiden su salud, sus valores, sus vínculos más leales. Que no se aíslen. Que cuiden a su gente. El capital más importante no son las máquinas, son las personas.
Estamos en un cambio de era. La flexibilidad y la adaptación van a ser claves. Pero sin raíces firmes, cualquier viento te tumba. Con raíces profundas, la tormenta te sacude, pero no te quiebra.
¿Construcción?
Mi vida.
¿O.I.C.S.A?
Mi segundo apellido.
¿Eric y Celestina?
Los amores de mi vida, sin duda.

Jini Hwang.
Coordinadora de la Revista Construcciones

