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“90 AÑOS CONSTRUYENDO ARGENTINA”

La Argentina que se construye: 90 años de desafíos, aprendizajes y futuro

Mucha agua ha corrido bajo el puente desde aquel 6 de febrero de 1936, cuando los Ings. César M. Polledo, Alfredo Gutiérrez Acha y José M. Rezzani, junto con 16 empresas del sector, crearon la institución. Desde sus orígenes, la concepción de construcción estuvo ligada a una idea: la de forjar el desarrollo del país, pensando en el presente y el futuro de los argentinos. De esta forma, cada obra se convierte en motor de progreso, garantizando el bienestar de la población, trascendiendo el presente y asegurando el futuro de las nuevas generaciones. 

Se cumplen noventa años, atravesados por grandes decisiones, desafíos, aprendizajes, y transformaciones. Y a lo largo de este tiempo, la historia de la Cámara Argentina de la Construcción dialogó con la del país, acompañando sus momentos de expansión, sus crisis y sus cambios de rumbo. En cada uno de esos contextos la construcción estuvo ahí: adaptándose, sosteniendo empleo, generando infraestructura y proponiendo soluciones. 

Lo que permanece 

Frente a un escenario continuamente cambiante, se vuelve importante lo que logra mantenerse en el tiempo. En ese sentido, en estas nueve décadas de historia, CAMARCO ha consolidado un legado que trasciende coyunturas y que se expresa en los valores que fueron la base sobre la que se edificó la institución y que aún hoy orientan su camino: el federalismo, la representatividad y el diálogo sectorial. 

 

Quienes fundaron la institución impulsaron una concepción de infraestructura como un factor de integración territorial, capaz de conectar regiones desde una mirada nacional que reconoce las particularidades y necesidades de cada provincia. En esa línea, a lo largo de los años se ha trabajado sostenidamente para consolidar una presencia federal.

 

Así, en 1945 se inauguraron las primeras tres delegaciones, La Plata, Rosario y Córdoba, marcando el inicio de un proceso de expansión territorial que hoy se plasma en una red de 25 delegaciones en todo el país.  

También se mantienen los valores de representación y diálogo sectorial, entendiendo que la clave no reside únicamente en la defensa de intereses, sino en la construcción de consensos. Los proyectos de infraestructura de largo plazo, orientados al desarrollo del país, se consolidan a partir de un diálogo permanente entre trabajadores, instituciones, la sociedad y el Estado. 

En la actualidad, son más de 1.400 las empresas asociadas de todo el país que cuentan con representación a nivel local, con acompañamiento activo y participación en espacios como las Comisiones de Trabajo donde se analizan e intercambian perspectivas con pares y especialistas sobre normativa laboral, regulatoria y otros temas estratégicos para el sector. A su vez, la institución mantiene presencia en el ámbito internacional a través de entidades de reconocida trayectoria, como la Federación Interamericana de la Industria de la Construcción (FIIC) y la Confederación Internacional de Asociaciones de Contratistas (CICA). Establecer estas redes y puentes fortalece a la industria, así como la proyección nacional e internacional de la institución. Estos espacios permiten intercambiar buenas prácticas, acceder a tendencias globales y participar en la construcción de agendas comunes para el desarrollo del sector. A su vez, consolidan redes de cooperación que enriquecen la mirada local, aportando conocimiento estratégico y posicionando a la industria argentina en el ámbito internacional. 

Lo que cambió 

A las transformaciones en la sociedad, la cultura, la economía y la política del país se suman los cambios que atraviesa el propio sector de la construcción. La manera de construir ha evolucionado significativamente: hoy, las tecnologías digitales y los criterios de sustentabilidad ocupan un lugar central, redefiniendo procesos, metodologías y estándares. En este marco, herramientas como el Building Information Modeling (BIM), el uso de drones para relevamientos y seguimiento de obra, y la incorporación de inteligencia artificial para la optimización de procesos y la toma de decisiones, marcan un nuevo paradigma orientado a la eficiencia, la precisión y la innovación. 

Las obras dejan de concebirse únicamente como instancias de ejecución técnica para pasar a entenderse como procesos integrales que involucran gestión, planificación, impacto ambiental y responsabilidad social. A la par, también se ha transformado el perfil de quienes integran el sector: nuevas generaciones se incorporan con otras miradas, valores y preguntas que impulsan innovaciones, enriqueciendo la forma en que se proyecta y desarrolla la infraestructura. 

Estas transformaciones son incorporadas por la Escuela de Gestión de la Construcción (EGC) y Transformar e Innovar la Industria de la Construcción (TIIC), áreas de CAMARCO que las abordan como ejes centrales en la formación y el desarrollo del sector. 

Construir en contextos difíciles 

Así como la historia argentina está atravesada por momentos de inestabilidad, el sector de la construcción no ha sido ajeno. Por el contrario, quienes forman parte de esta actividad han desarrollado, a lo largo del tiempo, un verdadero ADN forjado en la adversidad: una capacidad de adaptación constante, resiliencia y vocación de seguir adelante aun en los contextos más desafiantes y complicados. Construir en escenarios complejos implica, además de ajustar variables económicas, mantener el empleo, reconfigurar procesos, adaptarse a nuevas reglas y, una y otra vez, volver a empezar con una visión estratégica y de largo plazo. 

En ese recorrido, y si bien ya han pasado algunos años, uno de los hitos más recientes que impactó profundamente al sector fue la pandemia del COVID-19, que obligó a una interrupción momentánea de la actividad frente a un escenario inédito y de gran incertidumbre. Sin embargo, a partir del compromiso colectivo y la implementación de medidas de protección adecuadas ante un contexto desconocido y riesgoso, fue posible encontrar alternativas que permitieron reanudar la actividad de manera gradual y segura. Así, una vez más, el sector demostró que ese ADN no solo le permite atravesar las crisis, sino también sostener, con optimismo y esperanza, su apuesta permanente por el desarrollo, la producción y el futuro del país. 

Construir bienestar 

Para poder comprender el impacto real de la construcción no alcanza con medir kilómetros de autopistas ejecutadas o presupuestos invertidos; es imprescindible mirar su efecto en la vida cotidiana. Allí es donde se ve la realidad; y no solo en lo que podemos observar o tocar a simple vista, es decir, lo que experimentamos sino también en esos momentos o instantes significativos que marcan nuestra vida. Construir es esencial para generar bienestar y ello se refleja en la posibilidad de que una familia llegue a su hogar para descansar luego de una jornada laboral agotadora, de que un alumno se enorgullezca de ser abanderado de la escuela donde estudia o de que una pareja celebre la llegada de su primer hijo en el hospital. En cada una de esas situaciones hay infraestructura que hace posible lo esencial. 

Entender la construcción desde esta perspectiva implica reconocer que cada obra tiene destinatarios concretos y un impacto directo en la calidad de vida. No se trata solo de ejecutar proyectos, sino de mejorar las condiciones en las que las personas viven, se desarrollan y proyectan su futuro. 

El Área de Pensamiento Estratégico de CAMARCO, junto con sus investigadores y especialistas, analiza la infraestructura existente con el objetivo de diagnosticarla y proponer proyectos que contribuyan a mejorar la calidad de vida de la población y a fortalecer los distintos sectores productivos del país. 

Lo que todavía falta construir  

Hablar de futuro es reconocer que el desarrollo es un proceso inacabado. ¿Falta construir infraestructura? Sí, y para lograrlo hay que fortalecer la confianza, el diálogo, los consensos y las políticas de largo plazo. Para eso las nuevas generaciones deben trabajar codo a codo con quienes tienen más experiencia. 

Noventa años después de su nacimiento, la historia de la construcción argentina no está cerrada. Está en proceso. Cada generación dejó sus marcas y cada una heredó el reto de mejorar cada día más. La construcción es una tarea cotidiana, colectiva y en constante desarrollo. 

Algunas de las voces que representan estas generaciones respondieron a dos preguntas que dejan entrever el significado de estos 90 años. 

¿Qué cree que ha sido lo más determinante que esta institución le aportó al desarrollo del país en estos 90 años? 

Lo más determinante fue el aporte al desarrollo del país, equilibrando los intereses de las empresas, los trabajadores y el Estado, actuando en cada rincón de la Argentina de la forma más conveniente. Así se ejecutaron proyectos de todo tamaño, de largo plazo, etc., tendientes a integrar a todas las regiones tan disímiles, agregando conocimientos, tecnología y esfuerzos a su favor 

Haber contribuido de manera sostenida a la construcción de infraestructura y empleo, acompañando el desarrollo del país y generando oportunidades a lo largo del tiempo. 

 

En estos 90 años CAMARCO ha sido un actor determinante en contribuir a la estabilidad social y económica de nuestro país, representando a sus socios, que son los generadores de fuentes de trabajo, capacitación y formación obrera, que redunda en forma directa en el desarrollo, la inversión y actividad económica de la Nación. 

 

Un espacio de articulación público- privada. La institución ha funcionado como un ámbito de diálogo entre empresas, sindicatos y Estado para planificar obras, debatir políticas de infraestructura y coordinar soluciones a problemas del sector, a lo largo de los 90 años más cambiantes de la Argentina y el mundo. 

 

Lo más determinante ha sido consolidar la identidad profesional del sector, transformando un oficio de constructores aislados en una fuerza institucional capaz de investigar, hacer aportes concretos, generar indicadores y espacios de conocimiento para sostener el desarrollo del país en todas las épocas y contextos. 

 

mi juicio, le aportó pensamiento y conocimiento durante estos últimos 90 años, pero básicamente nada de eso serviría si no hubiera tenido la capacidad de adaptarse a las diferentes realidades del país y del mundo. 

Si tuviera que resumir estos 90 años en una palabra o concepto, ¿cuál elegiría y por qué?  

Ing. Monir Madcur: 

“Desarrollo”. Porque el país, que recibió inmigrantes de muchos y disimiles países del mundo, teniendo un territorio tan diverso, supo utilizar a la construcción como una herramienta de desarrollo fundamental para la integración económica, política y social. 

Lic. Ana Buracco: 

“Protagonismo”. Porque durante 90 años CAMARCO construyó futuro y hoy nuevas generaciones se preparan para ampliarlo, continuarlo y proyectarlo aún más lejos. 

 Dr. Hugo Scafati: 

“Organización sólida”. Porque ha sabido adaptarse y permanecer, siempre, en todas las diferentes coyunturas del país que hemos tenido en estos 90 años. 

 Lic. Nancy Hornus:  

“Permanebcia”. Haber permanecido todo este tiempo es haber crecido acompañando las peripecias de una industria vital para la sociedad, pero “desde adentro”. Pensemos que nuestra industria no se “importa” ni se “exporta”, se hace aquí y para nosotros. 

 Ing. Aldo Roggio:  

“Templanza”. En nuestra industria, la templanza es la virtud de los materiales que resisten la presión sin quebrarse, pero también es la virtud del carácter. Es la calma necesaria para planificar a largo plazo en un país que en 90 años tuvo vaivenes y ciclos muy pronunciados. 

Sra. Graciela de la Fuente:  

“Legado”. La Cámara unió desde un principio distintas generaciones en simultáneo. En esa convivencia todos aprendimos y enseñamos casi sin darnos cuenta, dejando nuestro legado y recibiendo el de los demás. La Cámara ocupa un lugar importante en nuestra historia de vida. 

Una historia que sigue en obra

Si hay algo que queda claro, pero aún hace falta que toda la sociedad pueda reconocer, es que no hay desarrollo sin obras, ni bienestar sin infraestructura. 

Cada obra finalizada es un triunfo para toda la sociedad. La infraestructura atraviesa nuestra vida, deja huellas que moldean costumbres, trayectorias y oportunidades a lo largo del tiempo. Ese impacto, que muchas veces es silencioso, es el más valioso y también el más difícil de medir, porque no existe una herramienta que pueda cuantificar las experiencias y sentimientos que vivenciamos en nuestro día a día, en el desarrollo de la vida.  

Ahora, retomando la pregunta sobre la falta o no de infraestructura, reiteramos que sí, falta; por eso es necesario promover la inversión pública y privada para poder llevarla a cabo.   

Maribel Díaz.

Licenciada en Ciencias de la Comunicación (UBA).

Publicado el 15 julio, 2026