Detrás de cada recorrido profesional hay decisiones que marcan un rumbo, desafíos que transforman y experiencias que dejan aprendizajes. En esta sección, invitamos a profesionales de nuestra comunidad a compartir su historia, su mirada sobre la profesión y algunos de los momentos que fueron dando forma a su camino.
Te invitamos a conocer un poco más sobre la trayectoria de Florencia del Río Colonna, especialista en desarrollo de con más de 14 años de trayectoria entre organizaciones sociales, empresas y el ámbito universitario. Estudió Psicología y Psicopedagogía, con un intercambio en la Universidad de Granada, y hoy combina su rol en Empresa Contreras Hermanos con la docencia.
Mirando hacia atrás, ¿qué fue lo que te hizo elegir este camino profesional? Si volvieras a ese momento, ¿volverías a elegir la misma carrera?
Empecé estudiando Psicología y después Psicopedagogía, atraída por entender cómo aprenden y cómo cambian las personas, más que por un interés específico en las empresas. Recursos Humanos apareció después, casi como una traducción de esa misma pregunta al mundo del trabajo: ¿cómo se desarrolla a alguien?, ¿cómo se sostiene un aprendizaje en el tiempo? Si volviera a ese momento elegiría el mismo camino, aunque hoy insistiría más en cruzar rápido lo académico con la práctica en terreno; ese cruce fue el que más me formó.
¿Qué desafío sentís que más te transformó como profesional? ¿Qué aprendizaje te dejó? ¿Hay algo que hoy hacés distinto gracias a esa experiencia?
Durante varios años coordiné talleres socioeducativos dentro de una unidad penitenciaria, un contexto de alta vulnerabilidad que me corrió por completo el eje como profesional. Ahí aprendí que ningún programa de formación funciona si no está diseñado para el contexto real de quien lo recibe, y que dar por sentado un punto de partida común es el primer error de cualquier diseño pedagógico. Hoy, cuando diseño un programa de liderazgo para un sector como la construcción, empiezo siempre por entender el terreno antes que el contenido.
¿Cuál fue la oportunidad más inesperada que te dio tu profesión? ¿Hubo algún trabajo o proyecto que jamás imaginaste hacer? ¿Descubriste una salida laboral o un área de especialización que no conocías cuando estudiabas?
Nunca imaginé terminar diseñando y dictando formación para el sector de la construcción. Vengo de un recorrido más ligado a organizaciones sociales y ámbitos académicos, y descubrí en la Cámara Argentina de la Construcción un espacio donde el desarrollo de talento se discute con una concretud que valoro mucho: cada concepto tiene que sostenerse frente a un líder de equipo o un jefe de obra que pregunta “y esto en mi obra cómo se aplica”. Esa exigencia terminó siendo una de las mejores escuelas que tuve en el diseño de programas.

Si tuvieras que pensar en el último año, ¿qué fue lo más importante que tuviste que aprender para seguir creciendo?
Aprender a pensar la formación en términos de indicadores de impacto y no solo de contenidos. Venía de un perfil más pedagógico, y los últimos años me obligaron a incorporar una mirada de gestión: cómo medir si un programa efectivamente cambia algo en la organización, más allá de la satisfacción de quien lo cursó. Fue un ejercicio de sumar esa mirada estratégica sin perder la calidad del proceso de aprendizaje.
¿Qué cambió más en tu forma de trabajar desde que empezaste hasta hoy? ¿Qué prácticas quedaron atrás? ¿Qué transformación de la industria viviste en primera persona?
Empecé en RRHH en procesos de selección y capacitación bastante estandarizados. Con los años el rol se corrió hacia un lugar más estratégico. Trabajando en la gestión de alianzas con universidades, escuelas técnicas y fundaciones para el desarrollo de programas de formación alineados a las necesidades del negocio. Lo que quedó atrás es la idea de la formación como un evento aislado; hoy pienso todo en términos de articulación entre el ámbito educativo y el sector productivo.
¿Qué recomendaciones tenés para quienes están dando sus primeros pasos en el sector?
Que no subestimen todo lo que se aprende gestionando personas y equipos, más allá de la formación técnica: tarde o temprano, a quien más se necesita no es solo a quien más sabe de su oficio, sino a quien puede organizar un equipo, comunicarse con claridad y sostener un grupo bajo presión. Esas habilidades no vienen dadas por la experiencia sola; se pueden formar, y cuanto antes alguien empieza a trabajarlas, mejor le va después cuando le toca liderar.
Siendo un profesional el día de hoy, ¿cuáles son los desafíos que sentís que te quedan por delante?
Consolidar una mirada de people analytics más sólida, para poder sostener con datos lo que ya sé de manera cualitativa sobre el impacto de los programas de formación.
¿Qué conversaciones sentís que faltan hoy en la industria? ¿Qué te gustaría que las nuevas generaciones discutieran más? ¿Qué creés que deberíamos empezar a mirar de otra manera?
Creo que falta discutir con más profundidad cómo se forma en habilidades de gestión de personas a quienes hoy lideran obras y equipos, más allá de la formación técnica. Se suele asumir que un buen profesional técnico va a saber liderar por acumulación de experiencia, y no siempre es así. Me gustaría que la industria mirara la formación en liderazgo con la misma seriedad con la que mira la formación técnica. Y falta también una conversación más de fondo sobre la inclusión de las mujeres en el sector, todavía es común ver paneles y espacios de decisión integrados solo por hombres. Avanzar en esta agenda requiere acciones sistemáticas que trasciendan los discursos y se traduzcan en prácticas concretas.
Si hoy estuvieras empezando tu carrera, ¿qué harías distinto? ¿Qué consejo te darías a vos mismo en ese momento?
Le diría a mi yo de veintipocos que se anime antes a cruzar los ámbitos: organizaciones sociales, docencia universitaria y mundo corporativo, cada uno con su lógica propia. Ese cruce, que terminé haciendo igual pero más tarde de lo que podría haber sido, es hoy lo que me permite diseñar programas que hablan el idioma de industrias muy distintas entre sí.
¿Hay algún error profesional que hoy agradecés haber cometido? ¿Cómo cambió tu manera de trabajar después de eso? ¿Hay algo que hoy hacés diferente gracias a ese error?
Al principio de mi carrera diseñaba programas de formación pensando primero en el contenido que quería transmitir, y no en la pregunta o la tensión real que el grupo necesitaba resolver. Con el tiempo entendí que un concepto se aprende de verdad cuando se lo descubre discutiendo un caso concreto, no cuando se lo recibe ya armado. Hoy cualquier programa que diseño arranca por esa pregunta que atraviesa todo el recorrido, y el marco teórico llega después, como herramienta y no como punto de partida.
A lo largo de estos años, ¿qué desafío sigue despertando tu curiosidad? ¿Qué sentís que todavía te queda por aprender?
Me sigue interesando profundamente la pregunta de cómo se transforma una cultura organizacional de manera sostenida, más allá de una intervención puntual. Es un desafío que aparece en cada organización con la que trabajo, desde una ONG hasta una cámara empresarial, y todavía siento que hay mucho por aprender ahí, especialmente en cómo medir esa transformación sin reducirla a una encuesta de clima.
