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Infraestructura de agua y saneamiento: el desafío de la inversión y el mantenimiento

El acceso al agua potable y saneamiento es un derecho fundamental y una condición esencial para el desarrollo sostenible de cualquier país. Sin embargo, la infraestructura que soporta estos servicios en Argentina enfrenta un desafío creciente: el envejecimiento de las redes, la falta de inversión en mantenimiento y la necesidad de expansión en un contexto de cambio climático y creciente demanda poblacional.

Un informe reciente elaborado por la Cámara Argentina de la Construcción (Evaluación Integral del Capital en Infraestructura de Agua y Saneamiento, noviembre de 2024) analiza en profundidad el estado del sistema, el valor de reposición de los activos, los costos de mantenimiento y las necesidades de inversión a futuro.

Un capital estratégico subestimado 

La infraestructura de agua y saneamiento en Argentina está valuada en aproximadamente 156.700 millones de dólares, pero un 61 % de este capital ya se ha depreciado. Esto significa que una gran parte de los sistemas está en riesgo de falla o pérdida de funcionalidad, lo que genera costos más altos de reposición y afecta la calidad del servicio.

Los costos anuales necesarios para mantener la operación de estos sistemas alcanzan los 3.260 millones de dólares (1.091 millones para agua y 2.169 millones para cloacas). Sin una inversión sostenida, la infraestructura seguirá deteriorándose, aumentando las interrupciones del servicio, las pérdidas hídricas y los costos asociados a reparaciones de emergencia.

Geografía y desafíos regionales 

La infraestructura de agua y saneamiento no es homogénea en todo el país. La geografía argentina impone desafíos únicos en cada región, desde la necesidad de grandes acueductos en Cuyo hasta la gestión del agua en la Pampa Húmeda o las redes de distribución en la Patagonia.

El informe divide al país en cinco regiones principales:

Región Pampeana: Alta densidad poblacional y grandes sistemas de potabilización.

NOA: Dependencia de fuentes subterráneas y captaciones en altura.

NEA: Riqueza hídrica, pero problemas de tratamiento y distribución.

Cuyo: Uso de agua de deshielo con alto contenido mineral.

Patagonia: Redes extensas con baja densidad poblacional, lo que encarece la operación.

Cada una de estas zonas requiere estrategias diferenciadas para optimizar la inversión y garantizar la sostenibilidad del servicio.

El costo de no mantener 

El deterioro de las redes tiene consecuencias directas en la vida de millones de argentinos. La falta de mantenimiento provoca pérdidas de agua potable en los sistemas de distribución, problemas en plantas de tratamiento, rebalses cloacales y un aumento en los costos de reposición.

Cada dólar invertido en mantenimiento preventivo ahorra múltiples dólares en reparaciones futuras, una premisa ampliamente documentada en la gestión de infraestructura. No obstante, la inversión en mantenimiento sigue estando por debajo de lo necesario, generando un círculo vicioso de deterioro y sobrecostos.

Estrategias de inversión y financiamiento 

El informe destaca la necesidad de adoptar mecanismos de financiamiento sostenibles para garantizar la renovación y la expansión de la infraestructura. Algunas estrategias viables incluyen:

Contribuciones por mejoras, donde los beneficiarios de nuevas redes aportan al financiamiento de la obra.

• Tarifas segmentadas según capacidad de pago y consumo.

• Esquemas de financiamiento privado, como concesiones o alianzas público-privadas.

El desafío es implementar estas estrategias sin comprometer la accesibilidad al servicio para los sectores más vulnerables.

Conclusión: un compromiso con el futuro 

El acceso al agua potable y el saneamiento son pilares del desarrollo social y económico. Mantener y expandir la infraestructura no es solo una cuestión técnica o financiera, sino un compromiso ético con las generaciones presentes y futuras.

Las decisiones que se tomen hoy definirán la calidad del servicio en las próximas décadas. La inversión en infraestructura hídrica no solo mejora la calidad de vida, sino que impulsa el crecimiento económico y la sostenibilidad ambiental.

La pregunta no es si podemos darnos el lujo de invertir en mantenimiento y expansión, sino si podemos darnos el lujo de no hacerlo.

La civilización no había caído por un solo desastre, sino por una serie de descuidos acumulados. La gente no se dio cuenta de la importancia del mantenimiento hasta que fue demasiado tarde.

 

Autores:

Ing. Daniel Martínez.

Dr. Jorge Núñez.

Especialistas en agua y saneamiento del área de Pensamiento Estratégico (APE) de CAMARCO

Publicado el 19 agosto, 2025