En la obra conviven personas, equipos, instalaciones eléctricas, trabajos en altura, excavaciones y diferentes tareas que pueden desarrollarse simultáneamente. La prevención busca anticipar los riesgos asociados a esas actividades, pero también es necesario estar preparados para responder cuando un accidente efectivamente ocurre.
En ese momento, actuar rápido es importante. Actuar correctamente, todavía más.
Una reacción impulsiva puede agravar una lesión o exponer a otras personas al mismo peligro que produjo el accidente inicial. Por eso, la respuesta ante una emergencia no debería depender de la improvisación, sino de procedimientos conocidos previamente por quienes participan de la obra.
Antes de ayudar, hay que asegurar
Frente a un accidente, el primer impulso suele ser acercarse inmediatamente a la persona afectada. Sin embargo, antes de intervenir es fundamental observar qué produjo el incidente y comprobar si el riesgo continúa presente.
El primer paso es detener los trabajos en el sector, suspender el funcionamiento de maquinaria y equipos y evitar el ingreso de otras personas.
Después es necesario controlar los posibles riesgos secundarios. Según la situación, esto puede significar cortar la energía eléctrica, cerrar una válvula de gas, detener un equipo en movimiento, asegurar una excavación o verificar la estabilidad de una estructura.
Una vez controlado el entorno, la asistencia debe quedar en manos de personal capacitado en primeros auxilios.
También es importante reconocer aquello que no conviene hacer. Ante la sospecha de una lesión de columna, traumatismo craneoencefálico o fracturas graves, por ejemplo, no se recomienda mover al accidentado, salvo que permanecer en el lugar implique un peligro inminente, como un incendio, una explosión, un derrumbe, una electrocución o una fuga de gas.
Mientras tanto, debe activarse el sistema de emergencias y realizar las comunicaciones correspondientes. En CABA, se contempla el aviso al SAME, la ART, Bomberos cuando corresponda, el responsable de obra y el profesional de Higiene y Seguridad.
Tener previamente definidos estos contactos y saber quién debe realizar cada comunicación evita perder tiempo tomando decisiones organizativas en medio de una emergencia.
Investigar para aprender, no solamente para explicar
Después de un accidente es natural preguntarse qué salió mal. La investigación debe observar las causas inmediatas y básicas, pero también revisar la organización del trabajo, los procedimientos existentes, la capacitación recibida, la supervisión y las medidas preventivas implementadas.
¿El riesgo había sido identificado? ¿Existía un procedimiento?¿La persona contaba con la capacitación necesaria? ¿Había condiciones que dificultaban cumplirlo? ¿La supervisión fue suficiente?
Preguntas como estas permiten pasar de la descripción del accidente a la identificación de oportunidades concretas de mejora.
La investigación encuentra su verdadero sentido cuando deriva en acciones: corregir un procedimiento, modificar una condición de trabajo, reforzar una capacitación o incorporar una medida preventiva.
La seguridad es una responsabilidad compartida
La respuesta ante una emergencia también depende de que cada integrante de la obra conozca su papel.
Arquitectos y directores de obra intervienen desde la planificación y organización de las condiciones de seguridad. Los capataces, por su cercanía con la operación cotidiana, suelen encontrarse entre las primeras personas que deben coordinar una respuesta frente a un accidente. Los trabajadores necesitan conocer los procedimientos e informar los incidentes, incluso cuando inicialmente parezcan leves. Y los profesionales de Higiene y Seguridad tienen un rol central en la investigación, revisión de procedimientos y definición de acciones correctivas.
La normativa también establece un marco para estas responsabilidades. El material toma como referencia, entre otras disposiciones, la Ley 19.587 de Higiene y Seguridad en el Trabajo, la Ley 24.557 sobre Riesgos del Trabajo y el Decreto 911/96 específico para la industria de la construcción, además de resoluciones de la SRT y, para obras en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, las disposiciones correspondientes del Código de Edificación.
Saber quién detiene los trabajos, cómo se asegura el sector, quién está capacitado para brindar primeros auxilios, qué servicios deben contactarse y cómo preservar posteriormente la escena permite reducir la improvisación en un momento en el que cada decisión importa.
