Suele afirmarse que la industria de la construcción presenta baja apropiabilidad del conocimiento y, en consecuencia, un uso limitado de herramientas de propiedad intelectual, especialmente patentes. Si bien esta idea captura ciertos rasgos del sector, resulta insuficiente para describir su dinámica en profundidad.
En la práctica profesional, lo que se observa es una lógica heterogénea en la forma en que las innovaciones se gestionan y, en algunos casos, se protegen, dependiendo directamente del contexto en el que surgen.
Para entender esto, resulta útil introducir una distinción que refleja con bastante fidelidad lo que ocurre en la realidad del sector:
- Invenciones que surgen dentro de la obra (on-site / project-based)
- Invenciones que surgen fuera de la obra (off-site / firm-based)
Esta diferenciación excede lo descriptivo: tiene implicancias directas sobre la posibilidad de protección, el tipo de estrategia de propiedad intelectual y la dinámica de innovación.
Las invenciones fuera de obra se desarrollan en entornos organizados y controlados, típicamente en fabricantes, empresas tecnológicas o áreas de ingeniería, donde el proceso innovador está más estructurado. Son soluciones formalizables, replicables y susceptibles de aplicación en múltiples proyectos. Por eso, se ajustan con facilidad a estrategias tradicionales de propiedad intelectual, especialmente patentes. De hecho, la mayoría de las patentes del sector – desde materiales avanzados hasta dispositivos o soluciones digitales – proviene de estos actores. En términos prácticos, las invenciones patentadas en construcción se concentran en los segmentos más tecnificados e industrializados de la cadena de valor.
En cambio, las invenciones dentro de la obra responden a una lógica completamente distinta. Surgen en el proceso de ejecución, a partir de problemas concretos, y son desarrolladas por operarios, contratistas o equipos técnicos. Se trata de soluciones altamente contextuales, basadas en la experiencia y con escasa formalización. Aunque muchas podrían ser técnicamente patentables, rara vez se transforman en activos de propiedad intelectual. El obstáculo principal radica en la ausencia de estructuras que permitan identificar, documentar y gestionar esas soluciones.

El desafío consiste en crear las condiciones para que ese conocimiento, especialmente el que surge en la obra, pueda efectivamente transformarse en valor.
Estas limitaciones son, en gran medida, estructurales. La multiplicidad de actores diluye la titularidad, los incentivos aparecen desalineados y quienes generan las soluciones difícilmente cuentan con las condiciones para protegerlas o capturar su valor. A esto se suma la falta de mecanismos sistemáticos para identificar y evaluar estas invenciones, junto con la propia naturaleza efímera del proyecto, que dispersa el conocimiento una vez finalizada la obra. Como resultado, una parte significativa de estas invenciones se pierde antes de consolidarse como activos de propiedad intelectual.
Por eso, aplicar un único enfoque de propiedad intelectual al sector resulta inadecuado. Mientras que las invenciones fuera de obra admiten estrategias clásicas de protección, aquellas que surgen dentro de la obra requieren un abordaje diferente, más ajustado a su naturaleza. En estos casos, donde la innovación es distribuida y contextual, cobra sentido avanzar hacia esquemas de innovación abierta pero coordinada, capaces de ordenar la colaboración y facilitar la identificación y eventual protección de los resultados.
Esto implica establecer, desde el inicio del proyecto, acuerdos claros sobre titularidad, uso y beneficios, junto con incentivos que promuevan la colaboración entre los actores. La clave no radica simplemente en abrir, también en coordinar esa apertura: alinear objetivos, generar condiciones de confianza y anticipar cómo se gestionarán las soluciones que surjan. En este contexto, la protección puede adoptar distintas formas: desde patentes hasta la capacidad de documentar, sistematizar y retener el conocimiento generado a lo largo del proyecto.
En definitiva, la construcción no es una industria con baja capacidad de innovar o de proteger sus invenciones, sino una en la que tanto la generación como la protección dependen del contexto en el que estas se desarrollan. Comprender la diferencia entre lo que ocurre dentro y fuera de la obra permite explicar por qué las patentes se concentran en ciertos actores, mientras que otras invenciones – potencialmente valiosas en términos técnicos o económicos – no llegan a formalizarse como activos de propiedad intelectual. El desafío consiste, entonces, en crear las condiciones para que ese conocimiento, especialmente el que surge en la obra, pueda efectivamente transformarse en valor.
Ayelén Barreto
Ingeniera Industrial (UCA) y Máster en Dirección Estratégica y Tecnológica (ITBA-EOI).
Agente de Propiedad Industrial, especialista en patentes de invención, enfocada en el diseño de estrategias de propiedad intelectual y en la capacitación en gestión y valorización de activos tecnológicos.
Docente universitaria en las áreas de economía de la empresa e investigación operativa.
