“La beca me permitió enfocarme directamente en los estudios sin tener que preocuparme por trabajar. Fue un gran alivio y un incentivo para rendir mejor.”
La frase condensa una experiencia compartida por muchos jóvenes que inician su recorrido en la industria de la construcción. Más que acceder a una oportunidad puntual, se trata de poder sostener una trayectoria, encontrar un lugar y empezar a proyectar un camino propio. En ese proceso, el acompañamiento adquiere un papel central.
En los últimos años, distintas iniciativas impulsadas desde la Cámara Argentina de la Construcción, a través de su Escuela de Gestión, buscan facilitar esa transición entre formación y trabajo. Entre ellas se destacan, el Programa de Becas de la Construcción, orientado a estudiantes de Ingeniería Civil de universidades públicas, y las prácticas profesionalizantes dirigidas a escuelas técnicas. Más allá de los dispositivos, lo que emerge con fuerza son las experiencias.

La formación incorpora nuevas capas que integran conocimientos
técnicos y experiencias aplicadas, en un recorrido que empieza a vincularse de
manera más directa con el ejercicio profesional.
Sostener y ampliar la formación
Avanzar en una carrera universitaria implica, para muchos estudiantes, afrontar desafíos que exceden lo académico: traslados, alquiler, materiales de estudio o la necesidad de generar ingresos. En ese contexto, el Programa de Becas de la Construcción habilita condiciones que hacen posible la continuidad.
“Me ayudó mucho a sostener mis estudios, ya que vivo fuera de la ciudad donde curso y eso implica varios gastos. Contar con este apoyo alivió esa carga y me permitió enfocarme más en la facultad”, cuenta Virginia Bonelli, de la Universidad Nacional de Rosario.
Esa posibilidad de concentrarse en el estudio aparece de manera recurrente. A su vez, el acompañamiento sostenido a lo largo del año introduce otra dimensión, vinculada al seguimiento cercano y al vínculo con la institución.
“El seguimiento constante incentiva a mantenerse enfocado y a sostener el ritmo”, señala Catalina Baigorri, de la Universidad Tecnológica Nacional, Facultad Regional Bahía Blanca. “Me sentí muy acompañada durante todo el proceso, con un interés real por cómo avanzaba en la carrera”, agrega Carolina Corzo, de la Universidad Tecnológica Nacional, Facultad Regional Gral. Pacheco.
Junto con el recorrido académico, el programa abre acceso a cursos, charlas y actividades que amplían la mirada sobre el sector y acercan herramientas vinculadas a la gestión y la tecnología.
“Además de la ayuda económica, es notorio el interés por nuestra capacitación. Pude hacer cursos de gestión de proyectos y AutoCAD, lo que complementa mucho la formación de la facultad”, cuenta Agustín Salomone, de la Universidad Tecnológica Nacional, Facultad Regional Rosario. “La beca me permitió acceder a cursos, eventos y actividades que ayudaron a mi desarrollo profesional”, agrega Agustín Nazzi, de la Universidad Tecnológica Nacional, Facultad Regional Córdoba.
De este modo, la formación incorpora nuevas capas que integran conocimientos técnicos y experiencias aplicadas, en un recorrido que empieza a vincularse de manera más directa con el ejercicio profesional.
El paso a la experiencia profesional
Mientras el Programa de Becas acompaña la trayectoria académica, las prácticas profesionalizantes acercan a los estudiantes del último año de escuelas técnicas a dinámicas reales de trabajo. En el caso de escuelas técnicas, estas experiencias – impulsadas también desde la Cámara y su Escuela de Gestión a través de iniciativas como BIMET y Mentorías – funcionan como un primer contacto con el ámbito profesional.
“Fue una gran oportunidad poder hacer el intensivo, algo que estuve esperando durante bastante tiempo. Me ayudó a ser más eficaz y a desarrollar mejor mis trabajos”, cuenta Milagros Antonella Artaza, de la Escuela Técnica N° 9 “Ing. Huergo”.

En los distintos relatos aparece un elemento cmún:
la experiencia de ser acompañados.
El paso del aula a la práctica implica adaptarse, resolver situaciones concretas y asumir responsabilidades en entornos nuevos.
“Al principio tuve miedo, pero después me adapté y entendí que todos estábamos en la misma situación”, relata Ángelo Matías Salazar Zavaleta, de la Escuela Técnica N° 14 “Libertad”.
En ese proceso, el trabajo en equipo aparece como uno de los aprendizajes más significativos.
“Aprendí mucho sobre cómo organizarse y distribuir tareas en equipo en plazos reducidos”, explica Lucio Ronzoni, de la Escuela Técnica N° 21 “Fragata Libertad”.
El intercambio con estudiantes de distintas instituciones también amplía la perspectiva sobre el sector y enriquece la experiencia. “Estuvo muy bueno compartir con estudiantes de otras escuelas, porque veníamos con distintos conocimientos y formas de ver las cosas”, agrega Milagros Antonella Artaza. Mientras que Ludmila Ailén Aparicio, de la Escuela Técnica N° 11 “Gral. Manuel Belgrano”, afirma que: “Fue muy bueno conocer estudiantes con el mismo objetivo profesional, compartir experiencias y entender cómo cada uno se está desarrollando en el rubro”.
En los distintos relatos aparece un elemento común: la experiencia de ser acompañados. Ese reconocimiento impacta en la motivación, fortalece el compromiso con la carrera y favorece la construcción de un vínculo temprano con el sector.
Las trayectorias que describen los estudiantes permiten comprender que la formación profesional se construye en múltiples planos. Requiere generar condiciones, habilitar oportunidades y acercar el aprendizaje a experiencias concretas.
En ese cruce – entre formación y experiencia – empieza a configurarse el desarrollo profesional. Y, en muchos casos, también la posibilidad concreta de construir un camino propio.
Escuela de Gestión de la Construcción
