En Ensenada, provincia de Buenos Aires, avanza la construcción de una planta potabilizadora que transformará la calidad de vida de más de un millón de personas. Ejecutada por una Unión Transitoria de Empresas (UTE) y bajo la supervisión de la Dirección Provincial de Agua y Cloacas (DIPAC), la obra busca garantizar el acceso al agua potable, marcando un antes y un después en la infraestructura sanitaria bonaerense.
El agua es un derecho básico, pero también un desafío constante para muchas comunidades del país. En ese sentido, la planta potabilizadora que se levanta en Punta Lara se presenta como una obra esencial, tanto por su magnitud técnica como por su profundo impacto social. El proyecto, actualmente con un avance del 19 %, forma parte de una iniciativa de infraestructura hidráulica que beneficiará a más de un millón de habitantes del área metropolitana platense.
La obra contempla la construcción de una planta potabilizadora en el predio de Aguas Bonaerenses S.A. (ABSA) de Punta Lara, además de una toma de agua en el Río de la Plata, un acueducto de seis kilómetros y un sistema de impulsión que conectará con la ciudad de La Plata. Según explicaron los ingenieros Alejandro Bonnin, Gerente de Obra; Agustín Guastavino, Jefe de Oficina Técnica y Proyecto Ejecutivo; y Pablo Scafati, representante técnico, el desarrollo combina planificación, ingeniería y compromiso social.
“Nos motiva la magnitud del impacto que tendrá. No se trata solo de una obra de ingeniería, sino de un proyecto que mejorará la calidad de vida de más de un millón de personas”, destacó Bonnin. “Estamos hablando del acceso a algo esencial: abrir la canilla y tener agua potable”, agregó.
Las labores comenzaron en julio de 2022 con el desarrollo del proyecto ejecutivo y tareas preliminares. En febrero de 2023 se iniciaron las actividades constructivas, aunque hubo una pausa entre enero y junio de 2024 debido a una readecuación técnica del contrato. Desde julio de ese mismo año, los trabajos retomaron ritmo sostenido y actualmente se proyecta su finalización para agosto de 2027.
La magnitud de la obra se refleja en los materiales y las dimensiones: se estima el uso de 22.000 metros cúbicos de hormigón armado, 6 kilómetros de ductos de PRFV y 2,5 kilómetros de fundición dúctil de 1,20 metros de diámetro. Además, se incorpora equipamiento electromecánico de alta calidad, gran parte de acero inoxidable, por tratarse de una planta destinada a la producción de agua potable.
Si bien no se aplican tecnologías de vanguardia, los ingenieros remarcan que esto responde a una decisión consciente: priorizar sistemas tradicionales, probados y confiables, que garanticen la durabilidad y seguridad de la infraestructura. “En el caso de las plantas de agua, lo más importante no es innovar, sino asegurar que todo funcione perfectamente durante décadas. Son soluciones robustas, diseñadas para perdurar”, explicó Guastavino.

En términos de empleo, la obra genera más de 200 puestos de trabajo directos e indirectos, entre personal jornalizado, técnicos, ingenieros, administrativos y proveedores locales. Esta cifra cobra especial relevancia en un contexto económico desafiante, aportando dinamismo y oportunidades en la región.
La inversión total asciende a aproximadamente 100 millones de dólares, financiados por el Estado provincial. Una apuesta significativa al desarrollo sostenible y a la mejora de los servicios esenciales para la población bonaerense.
Respecto del impacto ambiental, los ingenieros explicaron que se implementa un plan de gestión ambiental que contempla la mitigación de riesgos asociados al movimiento de suelos y el cruce de arroyos. “Uno de los puntos sensibles era el cruce de cursos de agua, pero se resolvió con sistemas de tunelería subterránea, evitando afectar la superficie. Es una obra que busca la menor intervención posible en el entorno natural”, detalló Scafati.
Más allá de su complejidad técnica, la obra representa una transformación estructural y social. No solo aumentará el caudal de agua disponible, sino que también mejorará significativamente su calidad, al aprovechar el agua del Río de la Plata sometida a un proceso de potabilización de alta eficiencia. Esto reducirá problemas vinculados al sarro, los metales pesados y las sales minerales, impactando positivamente en la salud, la vida cotidiana y los costos de mantenimiento doméstico e industrial.
“El impacto se va a notar en todo sentido: menos enfermedades, más asistencia escolar, mejor productividad. Son efectos que van mucho más allá de la obra misma”, subrayó Bonnin.
Además, el proyecto fortalece las economías locales al priorizar la contratación de mano de obra y proveedores de la zona y se proyecta que, una vez finalizada, la planta requiera personal permanente para su operación y mantenimiento, generando empleo sostenido a largo plazo.

Con una vida útil estimada de varias décadas, la planta de Punta Lara se suma al conjunto de obras estratégicas que buscan ampliar la cobertura y la calidad de los servicios de agua potable en la provincia de Buenos Aires. “No es solo una planta —concluyó Guastavino—, es una obra que va a quedar para toda la vida. Una infraestructura que, sin dudas, cambiará la historia de esta región”. La construcción de la planta potabilizadora de Punta Lara no solo representa una inversión estratégica en infraestructura nueva, sino también una acción clave para garantizar la sostenibilidad y el mantenimiento del sistema hídrico existente. Al ampliar la capacidad de producción y mejorar la calidad del servicio, esta obra permitirá reducir la presión sobre las redes actuales y optimizar su operación a largo plazo.
Al mismo tiempo, la envergadura de este proyecto pone en evidencia la importancia estructural de avanzar en nuevos desarrollos sin descuidar el mantenimiento de las obras ya existentes. La infraestructura, por su propia naturaleza, requiere planificación continua junto con recursos sostenidos para evitar el deterioro y asegurar su funcionamiento eficiente durante las décadas venideras. Solo con inversión permanente en coordinación con una gestión técnica rigurosa es posible garantizar que los servicios esenciales sigan llegando con calidad y equidad a toda la población.

Este compromiso, con una proyección de vida útil de varias décadas, exige una correspondencia en la gestión política y técnica. La planta en sí misma es un hito de la ingeniería bonaerense, pero su éxito real dependerá de la continuidad de las políticas públicas. La elección consciente de los ingenieros de priorizar soluciones robustas y tradicionales requiere un blindaje contra los ciclos económicos. Asegurar su operación y mantenimiento a largo plazo significa garantizar el presupuesto, la formación de personal especializado y la protección institucional del proyecto contra futuras interrupciones. Este es el desafío silencioso que acompaña a cada metro cúbico de hormigón: transformar una obra de ingeniería en una política de Estado inamovible para la región.
El rigor técnico que demandó la obra, demostrado en la pausa de 2024 para la readecuación del contrato y la implementación de sistemas de tunelería subterránea para el cruce de arroyos, es un reflejo de la complejidad inherente a los proyectos de esta escala. Estos desafíos, que fácilmente podrían haber demorado indefinidamente la ejecución, fueron superados mediante una articulación eficiente entre la UTE y la Dirección Provincial de Agua y Cloacas (DIPAC). El cumplimiento del cronograma, proyectado para agosto de 2027, depende de este nivel de rigor, transparencia y colaboración entre el sector público y el sector privado.
Asimismo, este tipo de proyectos subraya la profunda conexión entre la infraestructura pública y el desarrollo local. Al priorizar la contratación de mano de obra y proveedores de la zona, el proyecto no solo se traduce en metros cúbicos de agua potable, sino en un flujo económico inmediato que dinamiza las economías locales. La obra de Punta Lara se convierte, así, en un motor de empleo y capacitación, dejando una capacidad instalada que perdurará. Es una prueba tangible de que invertir en servicios esenciales es la forma más directa y efectiva de combatir las desigualdades, mejorando las métricas de salud y educación.
En esencia, el verdadero legado de esta obra no se medirá en metros de cañería o en volumen de hormigón. Se medirá en la capacidad del Estado para sostener el acceso universal y equitativo al agua potable, reduciendo la vulnerabilidad social y mejorando directamente las estadísticas de salud y asistencia escolar en la población. Esta infraestructura es la herramienta más poderosa para corregir las desigualdades históricas. Es la inversión que transforma la expectativa de vida de un millón de bonaerenses.
El proyecto de Punta Lara es mucho más que un conjunto de estructuras: es una muestra concreta de cómo la obra pública es capaz de transformar y dignificar la vida de las personas. Cada metro de cañería, cada estructura de hormigón y cada jornada de trabajo representa un paso hacia un futuro más justo y sostenible. En un contexto donde hablar de infraestructura suele reducirse a frías cifras y cronogramas, esta obra recuerda su verdadero sentido: construir también es cuidar. Cuidar el acceso a los derechos, cuidar el ambiente mediante sistemas de tunelería que minimizan la intervención, y cuidar el trabajo argentino. Porque invertir en esta infraestructura no es solo un costo, es una inversión en bienestar, en desarrollo y en la dignidad de toda una comunidad.
Agradecimientos: Por Proba S.A.: Ing. Pablo Scafati, Representante Técnico. Por Benito Roggio e Hijos S.A.: Ing. Alejandro Bonnin, Gerente de Obra; Ing. Agustín Guastavino, Jefe de Oficina Técnica y Proyecto Ejecutivo.
