Infraestructura

Infraestructura al resguardo de la cultura

Desde las entrañas de la tierra, en el corazón de la selva de la provincia de Jujuy, emerge una imponente estructura de metal, piedra, madera y vidrio. Se trata del Museo Lola Mora, que se construye en el barrio Alto La Viña. Sobre un lote de 5.000 m², con una superficie cubierta total de 3.735 m², este gigante arquitectónico que se entrelaza con el entorno rodeado de árboles se convierte en un espacio que une infraestructura, naturaleza y cultura.

El proyecto fue encomendado por el Gobierno provincial al arquitecto argentino, reconocido mundialmente, César Pelli, quien falleció posteriormente, por lo que su estudio, Pelli Clarke & Partners, quedó a cargo. El museo fue pensado específicamente con el objetivo de albergar y resguardar seis esculturas famosas de la reconocida artista argentina Dolores Candelaria Mora Vega, conocida como Lola Mora. Durante el siglo XX, Lola Mora se destacó por ser considerada la primera mujer escultora del país y por su arte vanguardista, que en algunos casos fue visto como audaz para la época. Dichas esculturas son: la Justicia, la Paz, el Trabajo, el Progreso, la Libertad y los Leones, que hoy se encuentran distribuidas en diferentes lugares y edificios de la provincia.

La empresa constructora Panedile es quien tiene a cargo la construcción de la obra, que inició en julio de 2023 y que se estima terminará este año. Hasta el momento, el avance es de aproximadamente un 80 %. “Es inminente su finalización”, señala Osvaldo Gala, Jefe de Obra.

Desde lo alto se aprecia que el edificio principal tiene forma de cincel, en homenaje a la escultora y su arte. Está formado por un solo nivel, con un edificio principal destinado exclusivamente al museo y un subsuelo en donde se ubicarán los vestuarios, las oficinas, la sala de máquinas y de depósitos. Además, contará con tres edificios complementarios: una mediateca -que incluirá una tienda-, un taller y un restaurante. Para acceder al edificio principal hay que atravesar un puente, que cuenta con 25 metros de luz libre y representa la unión entre el presente y el pasado, según Gala.

La mediateca, el taller y el restaurante se construirán en hormigón armado con un exterior en piedra laja amarilla, colocada en forma de pirca. La mediateca y el taller contarán con una planta oval. En la primera se realizarán actividades, se brindará información sobre el edificio y habrá una tienda de objetos alegóricos a la artista. El segundo tendrá una cubierta metálica en forma de serrucho que permitirá que la luz natural ingrese al lugar. El restaurante contará con dos plantas circulares y placas solares para la generación de agua caliente.

La sustentabilidad y el diseño arquitectónico son pilares fundamentales en la concepción y ejecución de la obra, representando un desafío para la constructora. Además, debe realizarse siguiendo lo establecido por el reglamento INPRES-CIRSOC 103 (Centro de Investigación de los Reglamentos Nacionales de Seguridad para las Obras Civiles – Instituto Nacional de Prevención Sísmica) y su Mapa de Zonificación Sísmica, el cual clasifica al lugar donde se ejecuta la obra como zona 3, es decir, de alta peligrosidad1.

La obra está resuelta con una estructura de 2.300 m³ de hormigón antisísmico y los principales materiales  utilizados son hormigón, madera, vidrio y piedra. Al ubicarse en la zona de la yunga jujeña, el cuidado y la preservación de la vegetación son muy importantes para la constructora. En ese sentido, y en relación con el diseño del edificio, Gala señala que “es un diseño bastante complejo dado que son todas formas curvas”. Especialistas en topografía moldearon esas formas adaptando el trabajo al terreno. “Debido a la complejidad del diseño, fue necesario desarrollar sistemas constructivos especiales que permitieran materializar las formas propuestas”. Con respecto al vidrio utilizado en el edificio, se trata de un material muy especial. Pelli quería que nada opacara el cielo de Jujuy, por lo que se eligió un vidrio 100% transparente (low iron), de 9 metros de altura. Esta decisión refleja el compromiso del diseño con el entorno priorizando la integración con el paisaje jujeño.

En cuanto a la estructura metálica, se diseñó con una forma aerodinámica que se sustenta en un núcleo de hormigón, con voladizos de 18 metros. Además, está alabeada y apoyada sobre ocho columnas, cubriendo casi 110 metros lineales de techo. Desde un punto de vista estructural, tiene muy pocos apoyos, lo que representó un gran desafío en su fabricación. Fue necesario desarrollar una ingeniería precisa para ensamblar y fijar todos los elementos con placas, bulones y otros sistemas de anclaje.

La obra incluye 850 m² de paneles solares, que corresponden a 309 placas fotovoltaicas distribuidas en dos sectores.

Uno, de 1 metro por 2 metros sobre parte de la cubierta no transitable; y otro, de 0,45 metros por 0,45 metros de baldosas en un sector transitable de acceso al edificio. Además, se construyó una torre de metal y hormigón con un molino eólico de 30 metros de altura, con un eje vertical sobre el cual giran cinco aspas helicoides colectoras de vientos, realizadas en fibra de carbono. Así, los paneles y el molino generan energía eléctrica que se acopia en baterías. “Se trata de un edificio constructivamente muy tecnológico, que ha ganado el premio Net Zero, lo que significa que todo lo que consume lo genera a través de sistemas de abastecimiento de energías limpias”. El diseño del molino y su material liviano hacen que con vientos de 5 km/h produzca electricidad que se deposita en un generador ubicado en la base, para ser enviado luego a unas baterías. Según señala Gala, se trata de un tipo de molino urbano de última generación. “Es un molino con un generador de 2 KVA y está previsto que genere unos 77 megavatios al año. Es el primero que se hace en el país”.

También, se ha incorporado al edificio un sistema inteligente de BMS (Building Management System) con el que se configuran el funcionamiento de movimientos eléctricos como la iluminación, las bombas, los controles de acceso e incendio, entre otros, administrando eficientemente el uso de la energía. Este sistema funciona teniendo en cuenta variables como la temperatura interior, el horario y la luz natural de los diferentes sectores. “Este BMS es el cerebro del edificio. Todo está configurado de modo de optimizar el uso de todos estos sistemas”, destaca Gala.

La sustentabilidad en esta obra no se limita al uso eficiente de energías renovables; también implica la selección de ciertos materiales para generar el menor impacto ambiental, estrategias para la eficiencia en el uso de recursos y un diseño que armonice con su entorno.

“Es una pieza arquitectónica con formas muy orgánicas que se adaptan al terreno, cuidando la naturaleza”. En este sentido, se tomaron medidas específicas, como la creación de sistemas atípicos de excavación y cimentaciones que bordearan las raíces de los árboles para no dañarlos. “Hubo que generar tablestacados para evitar desmoronamientos”.

Otra de las medidas adoptadas con el objetivo de minimizar el impacto ambiental, fue evitar el traslado de materiales y personal desde zonas lejanas, por eso se seleccionaron estratégicamente algunos materiales autóctonos, como la piedra y la madera. En el piso del edificio se colocó la madera de palo blanco, proveniente de Abra Pampa, una zona que limita con Bolivia; mientras que el revestimiento de la parte central del edificio es de madera de pacará que, según Gala, se caracteriza por tener mucha trabajabilidad y un funguicida natural que evita el ataque de bacterias.

El trabajo artesanal de la piedra fue otro desafío para la constructora. A través de la técnica de pircado, las piedras fueron talladas y colocadas en el hormigón de superficies curvas. La implementación de esta técnica implicó dos cosas: por un lado, el personal de trabajo debió capacitarse y, por el otro, se generó gran cantidad de residuo que fue utilizado para realizar una molienda con siliconas con la cual se construyeron los pisos exteriores: unas caminerías drenantes. Asimismo, debido a la inexistencia de moldes estándar con las formas curvas requeridas por el proyecto, la constructora optó por fabricar encofrados utilizando fenólicos cilindrados reforzados con zunchos metálicos en su parte exterior.

En relación con la mano de obra, fueron contratados ayudantes, oficiales y técnicos residentes de la zona. “Priorizamos que la mano de obra fuera lo más local posible, por varios motivos: por respeto a la provincia, por entender la realidad del país y porque también significa sustentabilidad, ya que hay menos movimiento de cosas y menos gasto de energía”. Según Gala, se generaron aproximadamente entre 80 y 100 puestos de trabajo.

La obra en números: 

Edificio principal: 1

• Edificios complementarios: 3 (mediateca, que incluirá una tienda; un taller y un restaurante)

• Excavación: 7.000 m³

• Hormigón armado: 2.300 m³

• Mampostería 2.000: m²

• Cubierta metálica: 2.100 m²

• Membrana técnica para cubierta: 1.875 m² para el museo y 270 m² para el taller

• Window wall: 1.565 m²

• Paneles solares: 850 m²

• Turbinas eólicas: 5

El Museo Lola Mora representa un importante reto constructivo para Panedile, afrontado con experiencia, capacidad técnica y una visión comprometida con el cuidado del medioambiente. Pero más allá de esto, esta obra simboliza algo aún mayor: la inversión en infraestructura no solo impulsa el desarrollo económico y social de un país, sino que también preserva su cultura. La creación de un museo dedicado a las esculturas de Lola Mora resguarda su arte, pero también fortalece nuestro vínculo con la historia.

Autora: Maribel Díaz. Licenciada en Comunicación Social, Universidad de Buenos Aires. Periodista de la Revista Construcciones.

Agradecimientos: Por Panedile, Lucía Dragonetti, Directora; Osvaldo Gala, Jefe de Obra.

 

Publicado el 19 agosto, 2025