Un modelo puede contener información precisa, estar correctamente desarrollado y reunir el trabajo de distintas especialidades. Sin embargo, nada de eso garantiza por sí solo que, cuando comience la ejecución, todos los equipos puedan utilizar esa información de manera coordinada.
La obra introduce otras variables. Arquitectos, ingenieros, contratistas, proveedores y equipos de ejecución necesitan consultar información, comunicar cambios, resolver interferencias y tomar decisiones mientras el proyecto avanza. En ese escenario, el valor de BIM empieza a depender menos de lo que contiene cada modelo y más de la capacidad de conectar personas y procesos alrededor de una misma forma de trabajar.
Ese pasaje obliga a pensar BIM más allá de la producción digital del proyecto. La metodología también necesita establecer cómo se comparte la información, quién interviene en cada instancia, cómo se gestionan los documentos y de qué manera se coordinan disciplinas que tienen responsabilidades y tiempos diferentes.
Cuando esas reglas no están claras, incluso un proyecto bien modelado puede encontrarse con problemas conocidos: información que no llega a tiempo, interferencias que aparecen durante la ejecución, consultas repetidas o equipos trabajando sobre datos que no reflejan las últimas decisiones.
Por eso, implementar BIM en obra también implica diseñar una dinámica de colaboración.
La posibilidad de vincular modelos desarrollados por diferentes actores permite construir una lectura integrada del proyecto. Sobre esa base, la detección de interferencias puede anticipar incompatibilidades entre disciplinas antes de que se conviertan en un problema físico y la gestión documental en entornos compartidos puede facilitar que los equipos accedan a la información que necesitan para avanzar.
Pero detectar un conflicto es solo una parte del proceso. También es necesario comunicarlo, asignar responsabilidades, realizar un seguimiento y comprobar que la solución adoptada haya quedado correctamente incorporada. La coordinación deja entonces de ser una instancia puntual para convertirse en una actividad que acompaña el desarrollo de la obra.
La información también puede ayudar a mirar lo que está sucediendo
El uso de BIM durante la ejecución no se limita a resolver interferencias.
Los modelos pueden vincularse con relevamientos, planificación temporal y control de avances para comparar aquello que se proyectó con lo que efectivamente está ocurriendo. El programa incorpora estas herramientas junto con Clash Check, Realidad Virtual y Aumentada y tecnologías destinadas a la gestión de equipos y comunicaciones.
Esta posibilidad amplía el rol de la información digital. El modelo deja de funcionar solamente como representación de aquello que se construirá y puede convertirse en una referencia para analizar el proyecto mientras se está construyendo.
La tecnología, sin embargo, no resuelve por sí sola la coordinación. Para que la información produzca valor necesita integrarse a procesos de trabajo capaces de aprovecharla.
BIM puesto a prueba en la ejecución

A lo largo de este curso se trabajará sobre vinculación de modelos, gestión de documentación, interoperabilidad entre softwares, coordinación interdisciplinaria y tecnologías aplicadas a la ejecución. El recorrido incorpora casos de estudio y una instancia práctica de implementación BIM y gestión documental en obra.
La propuesta pone así el foco en una etapa en la que muchas de las promesas asociadas a BIM encuentran su prueba más concreta. Porque disponer de modelos con mucha información es solo el comienzo: el verdadero valor aparece cuando esa información ayuda a que distintas disciplinas se entiendan, los problemas puedan anticiparse y las decisiones lleguen a tiempo a quienes tienen que construir.
Inicia el miércoles 21 de octubre | 18 a 20 h Más información e inscripciones AQUÍ.
