El 2020 se va a caracterizar por una rápida expansión de la base monetaria y fuertes tensiones cambiarias que ejercerán presión al alza sobre la inflación. Hacia mediano plazo resulta central poder contar con una estrategia exportadora de crecimiento. Esta realidad pone en evidencia el rol que puede representar la vía exportadora de hidrocarburos. En este sentido habrá que rebalancear el lugar estratégico de Vaca Muerta; desvincularse de la lógica de los stocks para seguir la lógica de los flujos, donde el recurso escaso es el tiempo y no el hidrocarburo.

Por otra parte, avanzar en la vía exportadora implica generar confianza y certezas de mediano plazo, y una nueva normativa que se ajuste al mercado energético de la actualidad y no que el mercado se ajuste al entendimiento de cómo funcionaba la industria tiempo atrás.

Una vez visualizado el desafío que puede representar Vaca Muerta, la actualidad ofrece lo que considero es la fundamental encrucijada para el gobierno; mostrarse capaz de estimular la inversión a mediano plazo y a la vez atender las urgencias de corto plazo.

Igualmente, se deberán atender urgencias que no pueden esperar el desarrollo de las exportaciones y que implican responder las demandas sociales existentes, que lo llevaron a la presidencia y que se multiplican con el COVID-19 y la cuarentena.

En esta línea no hay lugar político para un aumento de las tarifas en los próximos 12 meses de cara a las elecciones del 2021.

Cabe recordar que la principal lección sobre los errores en la política energética de precios desacoplados nos lleva al momento en que nos faltó gas natural, nuestro pilar en la matriz energética. La energía necesariamente se requiere, las opciones son producirla o importarla.

La falta de Gas en el 2013 generó un impacto letal a la macoeconomía argentina, ya que no solo generó una salida de dólares sino que propició un salto en el gasto del estado vía subsidios para sostener el diferencial de precios.

Autor: Mag. Luciano Codeseira

Publicado el 17 julio, 2020

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