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VIVIENDA SOCIAL SOSTENIBLE Y CIUDAD INCLUSIVA

Vivienda social sostenible y ciudad inclusiva

Vivienda social sostenible y ciudad inclusiva

La revolución industrial aumentó el crecimiento demográfico y aceleró los procesos de urbanización. A comienzos del siglo XXI, las ciudades albergaban más de la mitad de la población mundial y la proporción de habitantes urbanos continúa creciendo. En Argentina y América Latina, donde la urbanización ha sido extrema y acelerada, estos procesos no han resultado, per se, sinónimo de mejora en la calidad de vida. Para muchas poblaciones, los problemas de precariedad y pobreza son múltiples, acentuando brechas sociales y desigualdades económicas. El déficit habitacional es grande y constituye una barrera importante al desarrollo humano. Al mismo tiempo faltan viviendas en las ciudades. 

Al mismo tiempo faltan viviendas en las ciudades. Al mismo tiempo, con los cambios en los modos de producción y transporte, han aparecido áreas intersticiales urbanas vacantes, frecuentemente desvalorizadas y degradadas.

La construcción de vivienda social puede ser una oportunidad para reducir el déficit habitacional y rehabilitar la ciudad. La vivienda social frecuentemente ha sido construida en lugares inadecuados y con escasa calidad. Frecuentemente, la vivienda social es pensada, casi exclusivamente, en términos cuantitativos. Eludiendo aspectos de inserción urbana y diseño arquitectónico. Asimismo, la eficiencia energética y la calidad constructiva son muchas veces soslayadas, la vivienda social es a menudo segregada espacialmente. Esto se debe en gran medida a preconceptos de que un buen proyecto urbano y arquitectónico de vivienda social implicaría costos más elevados.
La hipótesis central de esta nota es mostrar que se puede construir una vivienda social asequible y sostenible, arquitectónica y urbanísticamente, y que esto resulta una oportunidad para la sociedad y para la ciudad. Deseamos reflexionar sobre las posibilidades de construir viviendas sostenibles de calidad, con mayor integración urbana y social, con el fin de contribuir a solucionar un problema creciente en Argentina, que brinde una solución durable y asequible, a la par de reducir los impactos ambientales locales y globales. Esta nota es un extracto de un trabajo extenso y detallado preparado por los autores para la Cámara Argentina de la Construcción.

1. Sostenibilidad

La necesidad de vivienda social resulta de un déficit habitacional por carencia de viviendas - déficit cuantitativo - y por existencia de viviendas en condiciones inadecuadas - déficit cualitativo -. El déficit cuantitativo alude al número de viviendas que se deben construir para cubrir la necesidad de alojamiento no satisfecho en la actualidad. El déficit cualitativo toma en cuenta las viviendas existentes en las que se deben mejorar las condiciones de habitabilidad: características de los pisos; confort; hacinamiento; condiciones de baños y cocina, acceso a servicios públicos, etc. En 2018, el déficit cuantitativo en Argentina era del orden de 1,5 millones de viviendas y el cualitativo de 2 millones. El déficit habitacional en una Argentina con cerca de un tercio de la población en condiciones de pobreza genera la necesidad de construir y sustentabilizar vivienda social. Recientes experiencias internacionales de producción de nuevas viviendas sociales y de intervención sobre viviendas existentes, han comenzado a ser pensadas con criterios de sostenibilidad. Estos nuevos modelos, más inclusivos y de menor impacto ambiental. plantean co-construir vivienda social, esto es vincular distintos actores, haciendo converger sus intereses, en pos de favorecer la sostenibilidad. Gran parte de aprendizaje logrado internacionalmente, se podrían aplicar Argentina, usando materiales y recursos disponibles localmente. Una vivienda social sostenible asocia asequibilidad y eficiencia, a un proceso integral de construcción que contempla prácticas ambientales, sociales, culturales, económicas e institucionales adecuadas. Particularmente la vivienda social sostenible beneficia a poblaciones de escasos recursos, que podrían acceder a una vivienda confortable y con servicios apropiados. Estos permiten la reducción de gastos energéticos es estas familias, favoreciendo que sus limitados recursos económicos puedan cubrir otras necesidades. Entonces construir y sustentabilizar viviendas, pueden ser estrategias claves para reducir los déficits habitacionales cuantitativo y cualitativo, a la vez de contribuir a mitigar la pobreza.

2. Urbanidad

El valor del suelo urbano suele impulsar la construcción de viviendas sociales en zonas periféricas y bordes urbanos. Esto genera múltiples problemas, muy difíciles de resolver, ya que no promueven la integración social. La relocalización de familias a puntos distantes de donde la población se halla arraigada ocasiona pérdida de empleo, identidad, ruptura de vínculos sociales y familiares. Los espacios suelen resultar poco accesibles o atractivos. La provisión de servicios se restringe o encarece.
El transporte público puede ser más limitado e implicar esfuerzos mayores -económicos y de tiempo- para las familias. La distancia dificulta o restringe también la vinculación con áreas centrales de la ciudad, para actividades administrativas, laborales o sociales. Además, por los viajes se incrementan los gastos de las familias y las emisiones de gases efecto invernadero. Construir en áreas intersticiales urbanas vacantes, en baldíos, rehabilitar edificios en desuso -residenciales u otros- o reacondicionar viviendas en condiciones de precariedad, son intervenciones posibles, tendientes a reducir el déficit habitacional; con ampliación y renovación del parque edilicio. La construcción de vivienda social, en zonas próximas a los servicios públicos y con equipamientos urbanos, centrales, favorecería la resolución de problemas de hábitat, no sólo de vivienda, sino también de provisión adecuada de servicios, conectividad y de integración de los sectores más vulnerables. Garantiza la cercanía a instituciones administrativas, educativas, de salud, espacios recreativos, bancos y múltiples fuentes de trabajo. También reduce la necesidad de transporte y la contaminación derivada. A nivel internacional, existen numerosas experiencias de puesta en valor de los espacios urbanos degradados, que contemplan la construcción de vivienda social sostenible. En los procesos de valorización de intersticios urbanos y de refuncionalización edilicia, las posibilidades van desde una intervención arquitectónica puntual, a un proyecto de escala barrial, y traen múltiples beneficios. Desarrollar vivienda social y otros emprendimientos residenciales e inmobiliarios en espacios centrales, favorecer la diversidad e integración social, a la vez que mejora la calidad de los espacios urbanos. Luego, densificar sin extender favorece la integración de la vivienda social a la ciudad, armoniza lo nuevo en el tejido existente y concilia la sobriedad energética, en favor de la sostenibilidad. Pensar integralmente los problemas de la ciudad y la vivienda, implica pensar la cohesión social y la valorización urbana.

3. Civilidad

Los proyectos de vivienda social a menudo consisten en conjuntos de grandes pabellones o extensos grupos de viviendas individuales. Estos modelos constructivos de conjuntos de gran tamaño, exclusivamente residenciales, muchas veces se transformaron en “ciudades satélites” en emplazamientos periféricos o “guetos intramuros” con escasa diversidad social y problemas diversos de exclusión. En esos grandes conjuntos, tiende a primar el anonimato o la disgregación social y marginalidad. Carentes de equipamientos colectivos, fuentes de trabajo o de proximidad a espacios de representación política, ven restringido el carácter cívico del hábitat.
Los pequeños y medianos conjuntos, conformados por edificios de escala media, emplazados en terrenos intersticiales.

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